Los prejuicios y la discriminación han hecho que el runasimi (comunmente llamado quechua) vaya quedando en desuso dentro y fuera del Perú. La razón no es ninguna novedad: hablar quechua se ha asociado a lo largo de nuestra historia con la identidad indígena, el origen campesino o provinciano, la pobreza, la marginación y la exclusión social. Diversos antropólogos, han documentado los anhelos de varones y mujeres hablantes del quechua de evitar que sus hijos sufran la discriminación y el desprecio del que ellos y ellas han sido testigos o víctimas, y que se traduce en una gran demanda por la educación y el acceso al castellano. Esta demanda sin embargo no implica una renuncia total a la lengua y a la identidad quechua.
Lorenzo Colque Arias, presidente de la Academia de Lengua Quechua de Arequipa, señala que en la región más del 50% de la población se comunica a través del quechua, sin embargo al llegar a la ciudad las personas se sugestionan y empiezan a dejar de lado su idioma materno.
«El habitante arequipeño es muy agresivo cuando escucha a una persona hablar en quechua, lo margina, lo discrimina, y lo peor de todo es que esa misma persona sabe hablar y entiende perfectamente el idioma, es un migrante ya radicado en la ciudad y ahora ya discrimina», dice Colque Arias.
El runasimi o quechua se extendió por todo el Imperio del Tahuantinsuyo. Según cada región del Perú, el quechua a adoptado diversos dialectos que cambian algunas palabras, pero el significado sigue siendo el mismo.
«El idioma cambia por la forma de vocalizar, de acuerdo a cada dialecto regional. Por ejemplo en Cusco se dice Sacha Inti y en la selva dicen Sacha Inchi, su significado es el mismo, maní del monte», explica Colque Arias. En Arequipa, sobre todo en el lenguaje «loncco», muchas de las palabras que se utilizan provienen del quechua, como quetimbear, que significa saltar de lado a lado.
El profesor Alcides Prieto Delgado es otro de los incansables precursores para que el quechua no desaparezca. Ha trabajado en varias provincias de la región y desde ahí busca que el idioma se introduzca en la currícula educativa.
«Si bien es cierto el inglés es importante, lo es más aún aprender el runasimi, es nuestra lengua, nuestra cultura, el Estado se ha olvidado de incentivar en los colegios su enseñanza», dice.
Mientras pasea por los mercados y las calles de la ciudad, siempre hablando en quechua, Alcides Prieto se siente muchas veces decepcionado por la reacción de algunas personas, sin embargo hay otras que entablan un amable diálogo con él, sin embargo solo es un chispazo, porque después todo sigue igual, el castellano recobra su lugar.
En las regiones de Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco y Puno son donde mayor cantidad de gente quechuahablante se concentra, cada una de las cuales tiene matices particulares.
Queda mucho por resolver para hacer que el runasimi «la lengua del hombre» se difunda y con él toda la genuina cosmovisión de nuestros antepasados.
