EDITORIAL
2015, TERRORISMO vs PAZ
Debo confesar que pensaba escribir sobre otro tema pero en las últimas horas el mundo sufre una ingrata sensación de temor por lo ocurrido en Paris, una de las ciudades emblema de la modernidad.
El grupo fundamentalista Estado Islámico reivindicó el atentado que dejó cientos de familias destrozadas. El Gobierno Francés ha cometido excesos en otros Estados, no solo el sirio, pero eso no justifica la violencia ejercida contra sus ciudadanos. Debemos llorar por los ciudadanos franceses muertos, pero también por los miles de ciudadanos sirios muertos en bombardeos que suceden mientras escribimos estas líneas y que nada tienen que ver con los terroristas. Los muertos no tienen nacionalidad. Son seres humanos como tú o yo.
Ahora escuchamos a líderes políticos que aprovechan la crisis para sumar simpatizantes en las próximas elecciones. Y todos usan la misma palabra: miedo y venganza. Y no resolverán nada, hasta el siguiente atentado, donde volverán a poner un gesto de consternación. Los peruanos sabemos bien de esto. Sufrimos el terrorismo de Sendero Luminoso que dejó miles de muertos, que bajo su fanatismo y una “consigna revolucionaria en defensa de los pobres”, destruyeron y mataron a compatriotas que nada tenían que ver con el gobierno. El Perú de antes, la Argentina de los setenta y Francia de ahora son ejemplos tristemente cercanos.
No tomamos conciencia de que lo que ocurre hoy en el mundo es una guerra. Ya lo dijo el Papa Francisco en septiembre del 2014, que estamos ante una Tercera Guerra Mundial desarrollada por partes, mediante crímenes, matanzas y destrucciones. Pero ¿Qué debemos hacer si en verdad queremos evitar la violencia mundial en los próximos años? Son varias las posibles, comunitarias e individuales. Algunos analistas nos orientan con las siguientes acciones:
Defender los derechos humanos. Los jefes de Estado en Europa y EEUU hablan de una “guerra contra nuestros valores”. Entonces, esta crisis demostrará cuáles son esos valores sobre los que está fundada “nuestra civilización occidental”. No cerrar las fronteras de Europa a los inmigrantes es primordial. Esos emigrados, como la imagen del niño sirio muerto en un naufragio hace unos meses, vienen huyendo de los mismos asesinos que han cometido las atrocidades en París. ¿Serán los valores fundacionales de la civilización occidental hacer “que paguen justos por pecadores” o la defensa irrestricta de los derechos humanos y civiles?
Solucionar el conflicto palestino-israelí. La creación de un Estado palestino es un punto de elemental en las relaciones entre Europa y Medio Oriente. La instauración de una Palestina en igualdad de derechos y obligaciones que Israel puede ser una realidad si se tiene la voluntad política de respetar las resoluciones de la ONU.
Eliminar el doble discurso en la política exterior de la región. Desde hace décadas, Occidente ha respaldado a los personajes más siniestros de Medio Oriente si estos sirven a sus intereses: Saddam Hussein, Osama Bin Laden, Bashar al Assad, Muammar Gaddafi, Benjamín Netanyahu (elegido democráticamente, pero a quien que se le han tolerado crímenes de lesa humanidad), etc. Arabia Saudita es una monarquía de donde sale el dinero que exporta, promueve y mantiene a imanes y jihadistas en Europa. Gran parte del dinero de los grupos islámicos radicales proviene de Riad, la capital del reino saudí. Cortar los ingresos saudíes de estos grupos sería más eficiente y costaría menos que enviar cazas y drones a destruir ciudades enteras.
Además, ¿No sería mejor destinar al menos una parte de los costos de la guerra (que son millones de millones de dólares) al fomento de políticas de cooperación internacional que puedan garantizar el establecimiento de economías sustentables en el Medio Oriente?. El negocio de la guerra creo que sabemos a quienes favorecen, y no son los países en vías de desarrollo.
Frente a esta crisis mundial y a la deshumanización que vivimos, la respuesta violenta ya empezó por medio de la espiral clásica del “ojo por ojo y quedará el mundo ciego”, bien explicado por Gandhi. Los gobiernos tienen su responsabilidad, pero también nosotros.
Menos odio entre vecinos: peruanos y chilenos; argentinos y brasileños; colombianos y venezolanos y muchísimos más. No debemos estar en contra de ningún país sino en contra de la guerra. Las guerras nos dividen con falsos nacionalismos que empiezan con fanatismos lastimando a connacionales en guerras civiles internas. Los valores humanos aprendidos en nuestras familias no tienen fronteras, son universales. Hoy de lo que todo el mundo y no solo Francia o Siria tienen necesidad es de una verdadera cultura de paz y no violencia, concreta, activa y cotidiana.
No nos quedemos atrapados en el miedo o el odio. Cuidemos nuestras vidas y de los que queremos. Construyamos con la no-violencia activa y organizada, un mundo en el que valga la pena vivir. Nosotros levantaremos siempre esas banderas por el futuro de nuestros hijos.
Gustavo Huayre
Director
